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¿Cómo se descubrió que los continentes se mueven?

La respuesta corta

Alfred Wegener propuso en 1912 que los continentes se desplazan, pero fue descartado porque no podía explicar qué fuerza los movía. La prueba llegó en los años 60: el fondo del océano se crea en las dorsales y se aleja de ellas, a unos 2,5 cm por año en el Atlántico.

Fuente principal: Kious y Tilling, U.S. Geological Survey (1996) (6 fuentes) Revisado el · Cómo verificamos

Alfred Wegener y el groenlandés Rasmus Villumsen con ropa de abrigo en la expedición a Groenlandia de 1930
Foto: Loewe, Fritz; Georgi, Johannes; Sorge, Ernst; Wegener, Alfred Lothar · Dominio público · Wikimedia Commons

Una idea con pruebas y sin motor

En 1912, un meteorólogo alemán de 32 años, Alfred Wegener, publicó dos artículos con una idea que ya se había insinuado: los continentes no están quietos.[1] Según él, hace unos 200 millones de años todas las tierras formaban un solo supercontinente, Pangea, que se partió y cuyos pedazos se fueron separando hasta la posición actual.

Tenía pruebas. La costa este de Sudamérica y la oeste de África encajan como piezas de rompecabezas, algo que el cartógrafo Abraham Ortelius había notado tres siglos antes. A ambos lados del Atlántico aparecen los mismos fósiles de plantas y animales que no podían cruzar un océano. En la Antártida hay carbón, que son restos de plantas de clima templado o tropical; en el sur de África hay huellas de antiguos glaciares.[1] Todo cerraba si los continentes habían estado juntos y en otro lugar.

Pero le faltaba lo principal: qué fuerza podía mover un continente. La comunidad geológica daba por hecho que continentes y océanos eran fijos, y esa pregunta sin respuesta fue, en palabras del Servicio Geológico de Estados Unidos, la “debilidad fatal” de su teoría.[1] Wegener siguió buscando pruebas hasta que murió congelado en 1930, en una expedición sobre el hielo de Groenlandia. Durante décadas, la deriva continental quedó como una idea excéntrica.[2]

El secreto estaba en el fondo del mar

Lo que Wegener no podía ver era el fondo del océano. Después de la Primera Guerra Mundial, los barcos empezaron a medir la profundidad con ecosondas: mandaban un pulso de sonido y cronometraban cuánto tardaba el eco en volver.[2] Con miles de esos perfiles, en los años 50, la cartógrafa Marie Tharp, que trabajaba con el geólogo Bruce Heezen en la Universidad de Columbia, dibujó el fondo del Atlántico y encontró algo inesperado: la cordillera submarina que lo recorre de norte a sur tiene un valle partido en el medio, como una grieta. Cuando superpusieron los epicentros de los terremotos, cayeron justo dentro de ese valle.[6]

En 1962, el geólogo Harry Hess, de la Universidad de Princeton, que había usado el sonar como oficial de la marina en la Segunda Guerra, propuso la explicación: el fondo del océano nace en esas dorsales, donde sube roca fundida del manto, y se aleja hacia ambos lados; en las fosas oceánicas, el fondo viejo se hunde y se recicla.[5] Era el motor que le había faltado a Wegener. Faltaba probarlo.

De la deriva continental a la tectónica de placas
  1. 1912
    Wegener propone la deriva continental

    Dos artículos: los continentes fueron uno solo, Pangea.

  2. 1930
    Muere Wegener en Groenlandia

    Su idea sigue sin mecanismo y la mayoría la rechaza.

  3. Años 50
    Tharp y Heezen mapean el Atlántico

    Aparece el valle en el centro de la dorsal, con los sismos adentro.

  4. Años 50
    Las bandas magnéticas

    Magnetómetros remolcados detectan franjas de roca con polaridad alterna.

  5. 1962
    Hess: el fondo se expande

    Nace en las dorsales y se hunde en las fosas.

  6. 1963
    Vine y Matthews explican las bandas

    Primera prueba de la expansión del fondo oceánico.

  7. 1968
    El Glomar Challenger perfora el fondo

    Las rocas son más viejas cuanto más lejos de la dorsal.

Fuente: USGS, This Dynamic Earth; Geological Society of London; Columbia Climate School.

Cómo lo sabemos

La prueba decisiva vino de un instrumento militar. Los magnetómetros que en la Segunda Guerra se usaban desde aviones para detectar submarinos se adaptaron para remolcarlos detrás de barcos. En los años 50 registraron que el magnetismo de las rocas del fondo no era uniforme: formaba franjas paralelas a las dorsales, una con la polaridad del campo magnético actual y la siguiente con la polaridad invertida, en un patrón de cebra.[2]

La clave está en la roca. El fondo del mar es basalto, que contiene magnetita, un mineral muy magnético. Cuando la lava se enfría en la dorsal, la magnetita queda alineada con el campo magnético de la Tierra en ese momento, como una brújula congelada. En 1963, Fred Vine y su director de tesis Drummond Matthews, de la Universidad de Cambridge, publicaron en Nature la interpretación: si el campo de la Tierra se invierte cada tanto y el fondo se fabrica en la dorsal y se aleja a ambos lados, cada inversión debería quedar grabada como un par de franjas simétricas. Es lo que se veía. El canadiense Lawrence Morley llegó por su cuenta a la misma idea.[4]

Las bandas magnéticas a ambos lados de una dorsal
DorsalMás viejaMás viejaNuevaPolaridad:actualinvertida

La roca nueva sale en la dorsal y se enfría grabando la dirección del campo magnético de ese momento. Al alejarse hacia los dos lados, cada inversión del campo queda como un par de franjas iguales, una a cada lado. Oscuro: polaridad actual; claro: invertida. Las más alejadas son las más viejas.

Faltaba la edad. En 1968, el barco perforador Glomar Challenger pasó un año cruzando la dorsal Mesoatlántica entre Sudamérica y África y sacando núcleos de roca y sedimento del fondo. Fechados por sus fósiles y por métodos isotópicos, confirmaron lo que predecía Hess: el fondo es más joven junto a la dorsal y más viejo cuanto más lejos.[2] Con eso, y con el mapa de terremotos concentrados en dorsales y fosas, las piezas se juntaron en la tectónica de placas.

Hoy no hace falta inferirlo: se mide. Receptores GPS en puntos separados por cientos o miles de kilómetros registran una y otra vez la distancia entre ellos, y ven cómo cambia año a año.[3] La dorsal Mesoatlántica se abre unos 2,5 centímetros por año, 25 kilómetros por millón de años; la dorsal del Pacífico cerca de la isla de Pascua, más de 15.[3] A 2,5 cm por año, en 200 millones de años se acumulan 5000 kilómetros: del orden del ancho del Atlántico.

Lo que se suele contar mal

“Wegener tenía razón y lo ignoraron por terquedad.” Tenía razón en que los continentes se mueven, y sus pruebas eran buenas. Pero la objeción de sus críticos también era seria: sin un mecanismo, la idea no se podía poner a prueba.[1] La deriva continental decía que los continentes se mueven; la tectónica de placas explica cómo, y esa parte llegó medio siglo después, de gente que miraba el fondo del mar y no los continentes.[2]

“Los continentes flotan sobre un mar de lava.” Las placas son losas rígidas de roca sólida, y el fondo oceánico es parte de ellas: los continentes no navegan por el océano, viajan montados en sus placas.[1] La roca fundida aparece en lugares puntuales, como las dorsales, donde sube, se enfría y forma fondo nuevo.[2]

Otras preguntas

¿Qué pruebas dio Wegener de la deriva continental?

El encaje de las costas de Sudamérica y África, los mismos fósiles a ambos lados del Atlántico, restos de plantas tropicales convertidos en carbón en la Antártida y huellas de glaciares en zonas hoy cálidas de África.

¿Por qué no le creyeron a Wegener?

Porque no podía decir qué fuerza era capaz de mover continentes enteros, y la mayoría de los geólogos daba por hecho que continentes y océanos eran fijos. Su idea quedó como una rareza hasta los años 50.

¿A qué velocidad se mueven los continentes?

Entre menos de 2,5 y más de 15 centímetros por año, según la zona. El Atlántico se ensancha unos 2,5 cm por año, unos 25 kilómetros por millón de años.

¿Qué diferencia hay entre deriva continental y tectónica de placas?

La deriva continental decía que los continentes se mueven. La tectónica de placas explica cómo: la corteza está partida en placas que se crean en las dorsales oceánicas y se hunden en las fosas, y los continentes viajan montados sobre ellas.

Fuentes

  1. Kious WJ, Tilling RI. This Dynamic Earth: Historical perspective . U.S. Geological Survey (1996). primaria Wegener, 1912: encaje de las costas, fósiles, carbón en la Antártida; su punto débil fue no explicar qué fuerzas movían los continentes.
  2. Kious WJ, Tilling RI. This Dynamic Earth: Developing the theory . U.S. Geological Survey (1996). primaria Ecosondas, bandas magnéticas simétricas, expansión del fondo oceánico y la perforación del Glomar Challenger en 1968.
  3. Kious WJ, Tilling RI. This Dynamic Earth: Understanding plate motions . U.S. Geological Survey (1996). primaria La dorsal Mesoatlántica se abre unos 2,5 cm por año; las velocidades van de menos de 2,5 a más de 15 cm por año; GPS.
  4. The Geological Society of London. Frederick Vine and Drummond Matthews . Plate Tectonics: Pioneers of Plate Tectonics. Su artículo de 1963 en Nature explicó las bandas magnéticas por la expansión del fondo y las inversiones del campo; primera prueba de la hipótesis.
  5. The Geological Society of London. Harry Hammond Hess . Plate Tectonics: Pioneers of Plate Tectonics. Hess publicó 'The History of Ocean Basins' en 1962: el fondo nace en las dorsales y se destruye en las fosas.
  6. Columbia Climate School. Interactive: The Heezen–Tharp World Ocean Floor Map . State of the Planet (2026). Marie Tharp encontró el valle del rift graficando ecosondas del Atlántico en los años 50; los epicentros de sismos caían dentro del valle.

Publicado el 30 de septiembre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.

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