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¿Qué pasaría si hoy hubiera una tormenta solar como la de 1859?

La respuesta corta

Solo en Estados Unidos, una tormenta como la de Carrington dejaría sin electricidad a entre 20 y 40 millones de personas durante 16 días a 1 o 2 años, con un costo de 0,6 a 2,6 billones de dólares, según el modelo de Lloyd's y AER (2013); el GPS y la radio se degradarían durante días.

Fuente principal: Lloyd's y Atmospheric and Environmental Research (AER), Lloyd's of London (2013) (6 fuentes) Revisado el · Cómo verificamos

La mañana del 1 de septiembre de 1859

A las 11:18 de la mañana, el astrónomo inglés Richard Carrington observaba un grupo grande de manchas solares cuando “dos manchas de luz intensamente brillante y blanca” aparecieron en medio del grupo. Otro observador, Richard Hodgson, vio lo mismo desde Highgate: el destello duró unos cinco minutos y desapareció de golpe.[6] Era la primera fulguración solar registrada.

Unas 17,6 horas después, una nube de plasma magnetizado expulsada por el Sol —lo que hoy se llama eyección de masa coronal— chocó contra el campo magnético de la Tierra, uno de los tránsitos más rápidos que se conocen.[1] Los magnetómetros del observatorio de Kew se salieron de escala, hubo auroras visibles en Cuba, Jamaica y Puerto Rico, y a unos 18° de latitud geomagnética, cerca de Panamá. Las líneas de telégrafo largaban chispas, daban descargas a los operadores y dejaron de funcionar dos días en América del Norte, Europa y partes de Asia y Australia.[1][6]

Qué fallaría hoy

El mecanismo es el mismo que en el telégrafo, pero con cables mucho más largos. Cuando el campo magnético terrestre se sacude, induce corrientes eléctricas en el suelo y en cualquier conductor extenso. En una red de alta tensión, esas corrientes entran por la conexión a tierra de los transformadores, los saturan y los recalientan.

Electricidad. El estudio de Lloyd’s, hecho con la consultora científica AER, modeló una tormenta de nivel Carrington sobre la red de Estados Unidos, teniendo en cuenta la latitud magnética, la conductividad del suelo y la distancia a la costa. Resultado: entre 20 y 40 millones de personas sin luz durante 16 días a 1 o 2 años, y un costo de 0,6 a 2,6 billones de dólares (millones de millones).[1] La duración depende de algo muy concreto: cuántos transformadores de repuesto haya. Uno nuevo se fabrica a pedido y tarda de 5 a 12 meses. La zona de mayor riesgo, ponderada por población, es el corredor entre Washington y Nueva York.

Satélites, GPS y radio. En la escala de la NOAA, una tormenta extrema (G5) puede dejar la navegación satelital degradada durante días, la radio de onda corta inutilizable uno o dos días y los satélites con problemas de orientación y de comunicación; además, en las tuberías pueden circular corrientes de cientos de amperios.[4]

Internet. La fibra óptica no conduce electricidad y no se afecta. El punto débil son los cables submarinos largos: llevan repetidores cada 50 a 150 km, alimentados por un conductor eléctrico, que sí pueden quemarse. Un modelo de 2021 concluye que los cables submarinos corren más riesgo que los terrestres.[5]

Las grandes tormentas geomagnéticas que conocemos
  1. 1859
    Evento Carrington

    Auroras hasta el Caribe; los telégrafos fallan dos días en varios continentes.

  2. 1921
    Tormenta del ferrocarril de Nueva York

    Dst estimado de −907 nT, comparable con 1859. Daños en teléfonos y telégrafos de los ferrocarriles de Nueva York.

  3. 1989
    Apagón de Quebec

    Dst de −589 nT. La red de Hydro-Québec colapsa en menos de dos minutos: 6 millones de personas sin luz durante 9 horas.

  4. 2003
    Tormentas de Halloween

    Apagón de menos de una hora en Suecia (50.000 clientes) y 12 transformadores dañados en Sudáfrica.

  5. 2012
    La que no nos tocó

    Una eyección cruza la órbita terrestre el 23 de julio; una semana antes, habría dado en la Tierra.

  6. 2024
    Tormenta extrema (G5)

    La NOAA registra condiciones G5 el 10 de mayo. Su escala prevé unos cuatro días así por ciclo solar de 11 años.

Fuente: Lloyd's y AER (2013); Love, Hayakawa y Cliver (2019); NASA (2014); NOAA (2024).

Intensidad de tormentas (índice Dst, más negativo = más fuerte)
  1. Quebec, 1989 −589
  2. Nueva York, 1921 (estimado, ±132) −907
  3. Julio de 2012, si hubiera pegado (estimado) −1200

Fuente: Lloyd's y AER (2013); Love et al. (2019); NASA (2014). Para 1859 no hay índice Dst medido; la tormenta de 1921 se considera comparable.

En 1989 alcanzó con una tormenta bastante menor que la de Carrington: la de Quebec, además de dejar a oscuras a seis millones de personas, dañó de forma permanente un transformador de una central nuclear de Nueva Jersey y casi provocó un colapso en cascada en el noreste de Estados Unidos.[1]

Cómo lo sabemos

La intensidad de una tormenta se mide con el índice Dst: el promedio de cuánto se debilita el campo magnético horizontal en varios observatorios cercanos al ecuador, en nanoteslas. Se calcula de forma estándar desde 1932, así que las tormentas anteriores se reconstruyen. Para 1921, Love, Hayakawa y Cliver analizaron los registros de magnetómetros de baja latitud de la época y estimaron −907 ± 132 nT; también concluyeron que el daño a los telégrafos dependió tanto de la tormenta como de la resistencia eléctrica del suelo y del diseño de las redes.[3] Para 1859 los registros son pocos y el índice no se puede calcular con la misma confianza; lo que sí se conserva son los relatos de auroras a latitudes tropicales.

Esos relatos son también la base de la frecuencia. Catálogos de auroras de la Grecia antigua, de Asia oriental y del mundo árabe medieval indican que una tormenta del nivel de Carrington ocurre, en promedio, una vez cada 150 años (entre 100 y 250), y una del nivel de Quebec cada 50.[1]

El caso de 2012 se midió de verdad: la nube pasó sobre la sonda STEREO-A de la NASA, que resistió y siguió tomando datos de calidad. Con esos datos se calculó qué habría pasado si la Tierra hubiera estado en ese punto de su órbita: un Dst cercano a −1200 nT.[2]

Los números del daño, en cambio, no se midieron: salen de un modelo. Lloyd’s y AER combinaron un campo magnético de nivel Carrington con mapas de conductividad del suelo y datos de la red de transmisión para estimar qué transformadores se dañarían. Por eso el rango es tan amplio: 20 a 40 millones de personas, de semanas a años.

Lo que se exagera

“Nos quedaríamos sin internet en todo el mundo durante meses.” Es un escenario posible, no un resultado medido. La autora del estudio de 2021 aclara que no existe un modelo preciso de cómo fallan los repetidores y que por eso probó un abanico de supuestos.[5]

“Hay un 12 % de probabilidad por década.” Es la estimación más alta publicada (Riley, 2012), que difundió la NASA; otros cálculos dan 1,6 %.[5] La diferencia muestra cuán pocos casos extremos hay para hacer estadística.

“La tormenta es peligrosa para las personas.” En la superficie, no: el campo magnético y la atmósfera frenan la radiación. El riesgo es para la tecnología y, a través de ella, para todo lo que depende de la electricidad.

Otras preguntas

¿Una tormenta solar puede hacerle daño a una persona en la Tierra?

No directamente. El campo magnético y la atmósfera nos protegen de la radiación; el daño es a la infraestructura: redes eléctricas, satélites, cables y navegación.

¿Cada cuánto ocurre una tormenta como la de Carrington?

Según los registros históricos de auroras, una vez cada 150 años en promedio, con un rango razonable de 100 a 250 años. Las estimaciones de probabilidad van de 1,6 % a 12 % por década.

¿Con cuánto aviso nos enteraríamos?

La erupción se ve en el Sol horas o días antes de que la nube llegue (en 1859 tardó 17,6 horas), pero su efecto real solo se puede medir cuando pasa por los satélites ubicados entre el Sol y la Tierra, con unos 15 a 30 minutos de anticipación.

¿Se quedaría el mundo sin internet?

Es posible que se corten cables submarinos largos durante meses, pero es un escenario modelado, no observado: la fibra óptica no se afecta, y el punto débil son los repetidores alimentados por un conductor eléctrico.

Fuentes

  1. Lloyd's y Atmospheric and Environmental Research (AER). Solar storm risk to the North American electric grid . Lloyd's of London, informe de riesgo emergente (2013). primaria Modelo del daño: 20 a 40 millones de personas sin luz de 16 días a 1-2 años; 0,6 a 2,6 billones de USD; período de retorno de 150 años (100-250). Relato de 1859 y 1989 (−589 nT, 6 millones de personas, 9 horas).
  2. NASA Science. Near Miss: The Solar Superstorm of July 2012 . NASA (2014). primaria La eyección del 23 de julio de 2012 cruzó la órbita terrestre; una semana antes habría dado en la Tierra; Dst estimado de −1200 nT.
  3. Love JJ, Hayakawa H, Cliver EW. Intensity and impact of the New York Railroad superstorm of May 1921 . Space Weather, 17 (resumen oficial en el USGS) (2019). primaria Dst mínimo estimado de −907 ± 132 nT el 15 de mayo de 1921, comparable con Carrington.
  4. NOAA Space Weather Prediction Center. NOAA Space Weather Scales . NOAA / NWS (2024). primaria Efectos de una tormenta G5: colapso de redes, daño a transformadores, navegación satelital degradada por días, radio HF imposible uno o dos días.
  5. Abdu Jyothi S. Solar Superstorms: Planning for an Internet Apocalypse . ACM SIGCOMM 2021 (2021). primaria La fibra óptica es inmune; los repetidores de los cables submarinos, cada 50-150 km, son el punto débil. Probabilidad de 1,6 % a 12 % por década.
  6. Carlowicz MJ, Lopez RE. Storms from the Sun: The Emerging Science of Space Weather . Joseph Henry Press (National Academies), cap. 1 (2002). Cita textual de Carrington y Hodgson: dos manchas de luz blanca a las 11:18 del 1 de septiembre de 1859, unos cinco minutos; auroras en Cuba y Jamaica.

Publicado el 30 de septiembre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.

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